¡No te sueltes!

Una vez saliendo de mi trabajo, envuelta en la rutina como tantos viernes, prendí mi coche, recuerdo que ya estaba oscureciendo; abrí el portón del estacionamiento del trabajo, me bajé para volverlo a cerrar, arranqué y emprendí la marcha rumbo a mi casa. Llevaba unas cuadras recorridas cuando, de reojo, noté que algo estaba pegado al espejo de la puerta de mi auto, justamente de mi lado, a la altura de mi mirada; pude notar que era un grillo negro, no supe desde a qué hora había estado ahí, pero pensé que tal vez lo había prensado al cerrar la ventanilla. No quería abrirle a la ventanilla por temor a que me fuera a saltar a la cara y me distrajera al manejar; pero no debía pensar egoístamente, me dije; quizás eran las patitas delanteras las que estaban sujetas; con el auto en marcha decidí abrir un poco la ventanilla para que pudiera desprenderse y volar; pero no se iba, imaginé que tal vez ya tenía mal sus patitas, aumenté un poco más la velocidad del coche para impulsarlo a volar, y solo podía ver su perfil firme y sus alas que se movían a la velocidad del viento, hasta parecía un «super grillo» y me dio un poco de ternura y a la vez me sentí mal porque pensé que ya no se podía despegar.

Cuando llegué a la casa, bajé con cuidado del coche para abrir el portón de mi casa, metí el coche, y el grillito seguía ahí, y ya cuando el coche estaba en completa calma empezó a moverse, entonces observé que tenía en perfecto estado sus cuatro patitas, la ventanilla había estado con una rendija suficientemente amplia para que el grillo se desprendiera y volara, pero no lo hizo, a pesar de la velocidad del carro, él no se soltó.

Dios tiene distintas maneras de comunicarse con nosotros. Con este pequeño grillo, entendí que, a pesar de las pruebas en mi recién empezada vida cristiana, lo que debo hacer es seguir adelante y nunca soltarme de su manto. Él es fiel.

Pase lo que pase hermano (a) aunque los vientos sean fuertes, aunque la ventanilla esté abierta para regresar al mundo ¡No te sueltes!